LEYENDA

Nada le dijeron a la anciana ciega; Improvisaron una tela similar y la colocaron en el marco, así engañaron a la viejita que tocaba la tela y creía que ahí estaba la imagen tan querida. Así le rezó por muchos años y nadie se atrevió a decirle la verdad, pues de haberlo hecho hubieran apresurado su muerte, que llegó cuando Doña Panchita enfermó de influenza y murió a los 84 años en 1894 dejándole la casa a sus hijos Camila, Arcadia y Ambrosio II.

Siendo precisamente Don Ambrosio Guerrero quién construye la fachada de los tiempos porfiristas que hoy observamos y disfrutamos, mandó a colocar en la parte alta de la entrada sobre el arco del zaguán un enorme pastel con sus iniciales (A.G.) que aún podemos observar y son mudos testigos del lento transcurrir del tiempo. Lo curioso del caso es que esas letras coinciden también con las iniciales de Doña Arcadia González la Condesa de Retes, y por si fuera poco también coinciden con las iniciales de su última moradora que fue Doña Arcadia Guerrero. Don Ambrosio Guerrero respetando la decisión de su padre nunca buscó aquella bóveda de que tanto se hablaba tal vez porque no tenía ninguna necesidad ya que siempre fueron una familia muy adinerada y no tenían necesidad de buscar lo que no habían perdido.

Aún mas siendo una familia tan religiosa no se atreverían a profanar las tumbas de las doncellas asesinadas y se decía ahí sepultadas.
Se aprecia en su parte superior el pastel con las iniciales A.G.

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Entrada del Hotel Posada Don Porfirio donde se observa el «pastel» con las iniciales A.G.

En 1921, Doña Arcadia Guerrero ya cerca de su muerte y muy anciana vende la propiedad a Don Porfirio Quintero Lares para llevar ahí a su joven y bella esposa Doña Carolina Rivera con quien había contraído matrimonio ese mismo año y con quien procreó tres hijos Hildelisa, Nazario y Norma de quienes se desprendió una numerosa familia y así lograr una larga estancia en la residencia de 54 años hasta su muerte en 1975, a los 94 años mientras que Doña Carolina le sobrevivió por 19 años más ya que su deceso se produjo en 1994 con 85 años de edad.

A la fecha la propiedad fue heredada por sus nietos, quienes la han convertido en lo que hoy conocemos como POSADA DON PORFIRIO, en memoria de los abuelos y con la finalidad de conservar en su estado original la gran casona donde tantas personas y generaciones disfrutaron o sufrieron grandes tragedias y acontecimientos que dejaron gratos recuerdos en cada una de las personas que ahí han morado.

 

            Si somos curiosos observaremos un común denominador que ha caracterizado a todos los propietarios de la finca, esto es, que gozaron de una gran longevidad y murieron de edades muy avanzadas para sus épocas.

            ¿Será que la casa de por si ha expiado las tragedias sucedidas en su pasado y hoy solo nos ofrece paz y tranquilidad en su seno?

Fuente: Crónicas del Zuaque

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