LEYENDA

Ahora era «Doña Arcadia» la otoñal matrona, amiga que era o había sido de españoles y criollos radicados aquí como el ex diputado a las Cortes de España don Francisco Delgado quien se quedó para siempre en El Fuerte e influyó para que la cerrada mansión de doña Arcadia no fuera saqueada en la ausencia. Delgado murió en 1856.
Otro de esos amigos lo fue el cura José Francisco de Orrantia, de igual manera celoso del tesoro que venimos reseñando, este señorón muere en 1834.
Otro más de sus amigos íntimos lo fueron don Francisco de Ybarra y doña María Dolores Escalante su esposa, Era esa pues la alta sociedad de la villa.
Así vivió doña Arcadia como única dueña de aquello tan oculto pero que todo El Fuerte conocía o al menos sospechaba.
Un día Doña Arcadia tapó cuidadosamente la entrada de su preciada bóveda, la enjarró, cerró el zaguán y se fue de viaje a la capital de lo que había sido la Nueva España, la ciudad de México, que orgullosamente ostentaba hoy el titulo de Capital de la República Mexicana, aunque regida por un dictador como lo fue el General Antonio López de Santa Anna; Se cuenta que Doña Arcadia ya no volvió, que desapareció misteriosamente y que su casa no se abrió en muchos años; otros dicen sin asegurarlo, que Doña Arcadia murió en El Fuerte y que al no tener familiares aquí, la casa fue cerrada por las autoridades pasando así mucho tiempo, de tal manera que quedó sin dueño por mucho tiempo y como el país ya independiente siguió en guerra no hubo reclamación de nadie por la propiedad.
Deducimos que Doña Arcadia abandonó El Fuerte entre los años 1835 y 1840; Y al transcurrir otros diez años sin que nadie reclame la casona o pague alguna contribución la propiedad pasa por ley al gobierno, y a este no le queda mas que rematarla al mejor postor; Siendo este nada menos que Don Ambrosio Guerrero Valenzuela quien la compra en 1850; Don Ambrosio fue un rico personaje dedicado a la ganadería y a la política casado con Doña Francisca Ceceña Quiróz con quien procreó una familia de 16 hijos, siendo así originarios de una dinastía conocida ampliamente en la ciudad.
Don Ambrosio reestructura y amplía la casa, respetando su estructura original de piedra y lodo, no mostrando ningún interés por las grandes paredes donde se encontraba la bóveda de Doña Arcadia. Ocupándola durante 30 años y donde realizó los grandes acontecimientos familiares como lo fueron las bodas y cumpleaños de su numerosa familia, así como el deceso de algunos de sus hijos.
Al morir Don Ambrosio en 1880, obviamente la casa fue heredada por su esposa “Doña Panchita” quién se queda viviendo con dos hijas que nunca se casaron de nombre Camila y Arcadia, esta última tal vez bautizada en memoria de la Condesa de Retes, y bajo el cuidado de Ambrosio II, quién también, le hizo grandes mejoras a la finca y fue un destacado personaje de nuestra ciudad; Pero volviendo a la personalidad de su actual dueña (Doña Panchita) nos permitimos narrar tan solo una página de su vida.
Doña Francisca era una persona religiosa hasta rayar en el fanatismo y siendo una persona ya muy vieja, quedó ciega; Tenía una imagen de la Virgen de Guadalupe que era su adoración, pintada al óleo y montada en un hermoso marco chapado en oro que hacía del cuadro una muy valiosa obra de arte. Todos los años el 12 de Diciembre hacía grandes ofrendas y velaciones, antes y después de quedar ciega. Un día sus nietos y demás familiares le prendieron tantas velas al altar que éste se incendió junto con el valioso lienzo.

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