LEYENDA

Aquella joven pronto salió embarazada por culpa del apuesto patrón, esto por supuesto lo supo perfectamente la esposa y para “desembarazarse” de aquella situación que sería una gran vergüenza ante el aristocrático círculo social que les rodeaba, el español optó por desaparecer a la sirviente a la cual se dice envenenó y sepultó clandestinamente en un lugar oculto en la mansión, y propalando por supuesto la versión de que la joven se había ido para su lejana tierra.

¿Andaba mal de la cabeza?
Pero este caso al tiempo se repitió con otra joven en iguales circunstancias y con los mismos resultados. Esto por supuesto indignó en grado superlativo a su esposa Arcadia, y las relaciones conyugales tomaron cariz tenso y hasta peligroso; no tuvo vuelta, a eliminar también a esta otra; él quizá pensaba así como había eliminado a las dos mujeres hacerlo igual con su esposa para así rehacer su vida con quien sí pudiera darle hijos, cosa que era su gran preocupación, pues cómo se iba a cortar la dinastía de los Retes. Ella por su parte no dormía con el temor de correr igual suerte, ya que a esas alturas nadie podría haber asegurado que la salud mental de uno o de los dos cónyuges seguía siendo cien por ciento normal.

La desición fatal
Con ese estado las cosas, en esa tensión constante, la hermosa Arcadia una noche lo decidió todo.
A la siguiente noche ya estaba velando el cuerpo del apuesto Conde de Retes, quién horas antes había muerto repentinamente de una fuerte intoxicación. Le pegó “congestión” dijo la gente, efectivamente lo habían “congestionado” tres diminutos gramos de estricnina aplicada cuidadosamente en la comida.

El último viaje
La bella Arcadia mando embalsamar el cuerpo de su “querido” esposo y cuando estuvo listo, cerró el portón que era la única entrada a la mansión y así cuerpo y dama se fueron a la capital de la Nueva España, a la ciudad de México, y de ahí lo llevó a Veracruz embarcándose en ese puerto rumbo a España naturalmente. Toda esta etapa hasta aquí narrada debe haber transcurrido entre 1800 y 1810.

Un grito de rebeldía
Doña Arcadia preparaba su viaje de regreso acá en México cuando a un cura se le ocurre prender la mecha de un movimiento independentista, esto hace que la dama suspenda obviamente su regreso, pues la cosa se ponía fea en verdad, ese cura de nuestra historia todos sabemos que se llamó don Miguel Hidalgo y Costilla.
Y como la guerra de independencia duró once años, fueron al parecer los mismos que doña Arcadia permaneció en España sin poder volver acá al Fuerte, todo ese tiempo su casa permaneció cerrada y su tesoro ahí incólume durmiendo el sueño de los justos.

El regreso de Doña Arcadia
Llegó el año de 1921, México recobró su libertad que por 300 años había perdido; españoles y otros extranjeros pudieron nuevamente viajar sin sobresalto por el nuevo país que tomó el nombre de República Mexicana; y entonces la ahora otoñal doña Arcadia un día se apareció por El Fuerte, abrió el oxidado portón de su casa, abrió las espaciosas habitaciones y demás piezas que componían la propiedad, donde se percibía un fuerte olor a humedad, se dio a la tarea de dejar su casa como antes y prosiguió con su antiguo oficio de comprar metales preciosos que iba almacenando día con día, sin ninguna prisa en el lugar de siempre.Echándole números al asunto podemos sacar las siguientes conclusiones: Si doña Arcadia regresó cuando ya se habían aplacado los ánimos y los disturbios de la guerra, debe haber sido por 1825, en la fecha ella debe tener de 45 a 50 años; luego como se dice que permaneció trabajando en El Fuerte algunos años, nosotros le vamos a poner que fueron diez, así que estamos en 1935.